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Marketing for the electric mobility
Jesús Toucedo

Jesús Toucedo

Entrepreneur in the field of industrial electronics and renewable energies.
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Fuentes: GoranH en Pixabay.

Cuando hablamos de vehículos eléctricos muchas veces centramos nuestra atención en su precio, o en si existen o no suficientes puntos de carga en nuestro radio de acción para saber si será una buena opción de compra para nosotros. Sin embargo, existen otros aspectos muy importantes a tener en cuenta sobre este tipo de vehículos: las baterías.

Las baterías son entendidas como la clave del éxito de un modelo de negocio, el de la fabricación de automóviles, que ha virado hacia su fuente de alimentación: la electricidad. De una batería no solamente debe importar su capacidad, es decir, qué rango de autonomía permite con una sola carga, sino su composición y, por supuesto, su rendimiento, es decir, cuánta vida útil tendrá antes de que debamos sustituirla.

De media, la batería de un vehículo eléctrico tendrá unos 3.000 ciclos de carga, lo que en tiempo y, asumiendo que se haga una carga diaria, es aproximadamente 8 años de vida útil. 

Porque ese momento, el de sustituir la batería, llega. Lo que ningún conductor alcanza a imaginar es el presupuesto tan desalentador que las marcas dan por intentarlo. 

Según un estudio realizado por Conapa, la Federación Española de Empresarios Profesionales de Automoción, de las pocas reparaciones que hay que efectuar en los vehículos eléctricos, esta es sin duda la más costosa. Uno de los motivos es que muchos fabricantes optan por la sustitución de toda la batería y no de las celdas que pudieran estar dañadas. Además, la organización señala que no todos los fabricantes tienen la misma política de sustitución. Una operación que, de realizarse, puede llegar a suponer más de 5.000 euros de desembolso.

Se puede intuir que no hay interés por parte de los fabricantes en atender las sustituciones de baterías. Y es que las marcas siguen centrando su negocio en la fabricación y venta de más y más vehículos cada día, en vez de resolver esta tarea. Es más, probablemente no haya un plan definido al final de la vida útil más allá de invitar a sus clientes a comprar otro modelo. Es más rentable vender un coche eléctrico completo que solo una parte, la batería. 

La sustitución de baterías es una clara oportunidad de negocio

Así las cosas, cualquier intento de cambiar una batería con el fabricante es simplemente un disparate. De ahí surge la necesidad de hacerlo con otro tipo de empresas.

Un camino que no es fácil, puesto que la legislación española al respecto es muy estricta pero también porque la homologación de este tipo de producto es complicada. Una de las principales trabas a la hora de comenzar a sustituir baterías de vehículo eléctrico es el difícil acceso al suministro de celdas para la fabricación de baterías. 

La mayoría de celdas para uso automotriz tiene restringida su venta solo a empresas del sector, por lo que encontrar material para nuestras actualizaciones ha sido un camino arduo.

Por otro lado, otra traba se encuentra en la legalidad. Los costos de homologación de los packs hace prohibitivo cualquier intento de hacerlo por parte de pequeñas y medianas empresas. Así pues, su fabricación queda restringida al ámbito privado y experimental.

Cambio de baterías, una necesidad creciente

Sin embargo, la necesidad de poder cambiar la batería es creciente entre los propietarios de vehículos eléctricos. Los primeros en detectarlo han sido los clientes del vehículo eléctrico más popular, el Nissan Leaf. Este vehículo, que aterrizó en Europa en febrero de 2011, vendió de su primera generación casi 300.000 unidades en 49 países.

 

A España llegó en 2011. Esto quiere decir que hace ya dos años que se están solicitando esos cambios de baterías. Y los números no se van a frenar si tenemos en cuenta que este vehículo eléctrico ha encabezado las listas de ventas durante varios años, hasta ser desbancado por el Tesla Model 3 en 2019. 

De hecho, según la marca nipona, en España, casi el 15% de los vehículos eléctricos que circulan por las carreteras son modelos Nissan.

Cambiar la batería, un proceso arduo

Los cambios de batería no solo se solicitan por la pérdida de autonomía propia de su degradación sino también para mejorar el vehículo. Es decir, que un coche eléctrico con una batería de 24 kWh pueda ser sustituida por otra más actual. Y es que los cambios a superior son los más demandados, existen incluso prototipos a 64 kWh que es la versión de mayor capacidad de este modelo.

El handicap es que en la actualidad todo ese proceso se encuentra encorsetado en un universo burocrático que bloquea cualquier intento de mejora de la batería. Las marcas no apoyan este recurso, sustituyen pero lo hacen por otra de iguales características.

Algo en lo que el mercado independiente sigue batallando cada día. Desde este tipo de empresas insisten en que no solo debe reducirse el precio, si no también permitirse la actualización dinámica a nuevas capacidades. 

Una buena noticia, sin embargo, es que durante el 2020 se ha desarrollado enormemente la ingeniería inversa del CAN bus del Nissan Leaf. Esto ha permitido a numerosas empresas y particulares eliminar las restricciones impuestas por Nissan para el cambio de baterías por otras de mayores capacidades. Pero sigue habiendo una gran escasez de baterías originales.

Porque en la actualidad, para poder realizar un upgrade de manera tradicional, es necesario primero encontrar un coche donante. Estos normalmente proceden de siniestros en donde la batería no se ha visto afectada. Se retira esa batería si es que sigue en buenas condiciones y se instala.

Particulares y empresas buscan la manera de comprar estas baterías y las montan en Leaf más antiguos. Eso siendo conscientes de que no siempre se puede garantizar la actualización. 

Para solucionar este otro problema, desde EV Battery Rebuild fabrican las baterías desde 0. De esta manera, se puede ofrecer disponibilidad y precios constantes, así como garantizar el 100% de salud al momento de la instalación.

Con una garantía de dos años contra defectos en su fabricación, compiten con los 8 años que ofrecen las marcas. Los peces pequeños deben arañar mercado a los grandes. La clave es trabajar con primeras marcas de células, por lo que la vida útil esperada de estas baterías es similar a la de las empresas automotrices.

Una nueva vía para evitar que los clientes asuman ciclos de vida de 5 a 10 años en sus vehículos. Porque de seguir como hasta ahora, tarde o temprano esta circunstancia va a traer graves consecuencias para el consumidor y para el medio ambiente. Deben plantearse urgentemente reglas claras por parte de gobiernos, entidades certificadoras y fabricantes para la sustitución y reciclado de packs de baterías una vez finalizada su vida útil.

La baterías son una oportunidad también para Europa 

Las baterías siguen siendo un tema controvertido entre Europa y China. El gigante asiático tiene un papel hegemónico en su fabricación, pero Europa es consciente de ello y pretende revertir la situación. 

La fabricación de baterías es un proceso altamente automatizado, lo que requiere de mano de obra especializada como la que tenemos en Europa. Esto podría suponer una ventaja para el viejo continente. 

                                                               

 

Por otro lado, las normativas europeas suponen un impedimento para las empresas chinas, que al exigirles los mismos estándares de calidad requeridos a fabricantes europeos pierden competitividad y ya no es un mercado tan interesante para ellos.

En este contexto parece importante asumir el reto e intentar ser partícipes de esta lucha, ya que la industria automotriz es uno de los pilares de la economía europea. Y en esta misma línea los consumidores europeos también lo van a agradecer porque a igualdad de condiciones siempre preferirán marcas europeas de confianza con grandes redes de servicio ya establecidas.

Una oportunidad para Europa pero también para España. El yacimiento de litio en  Extremadura puede suponer el primer escalón para la transformación de la industria automotriz en nuestro país, un sector cuya aportación al PIB se sitúa en el 11%. Así pues, miles de empleos dependen de que sepamos encontrar el camino correcto.