Clio Beruete
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El parque de automóviles eléctricos en España alcanza ya las 78.000 unidades. Sin embargo, es necesaria una potente estrategia de impulso para lograr el objetivo marcado por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española que pretende llegar a las 250.000 unidades para el año 2023. Una cifra ambiciosa que requerirá de actuaciones en distintos ámbitos, no solo el legislativo. 

Según la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (AEDIVE) y Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor, Reparación y Recambios (GANVAM), serán necesarias al menos 43.000 nuevas matriculaciones de vehículos eléctricos cada año, durante los próximos cuatro, para alcanzar el objetivo de electrificación que pretende el gobierno español.

A pesar de los esfuerzos, la penetración del vehículo eléctrico en España apenas alcanza el 3% y esto es porque siguen existiendo determinadas piezas en este puzzle que lo impiden. Entre esas piezas se encuentra la interoperabilidad del VE, que junto con la capacidad de las baterías o una legislación más propicia se convierten en la clave para la expansión de este tipo de vehículos.

¿Qué es la interoperabilidad del VE?

En sentido estricto, el término de interoperabilidad es la comunicación abierta o el intercambio de datos entre distintos sistemas operativos o dispositivos. Este concepto en realidad no es nuevo, lo hemos visto en otras industrias como la de las telecomunicaciones. Quizá nos suene más el término roaming. Utilizando este símil, significa que podríamos cargar nuestro vehículo eléctrico en cualquier punto de recarga de España, de Europa, e incluso, del mundo. 

Recordemos que hace años al viajar al extranjero teníamos que activar el roaming con nuestra compañía telefónica para poder tener servicio en nuestro teléfono móvil. Ahora ya no es necesario hacerlo, simplemente viajamos y utilizamos el móvil con normalidad sin ningún tipo de gestión previa.

En el caso de los puntos de recarga supondría la capacidad de viajar con un vehículo eléctrico por toda la geografía española, pudiendo cargar en todos ellos sin necesidad de darse de alta en las distintas compañías que ofrecen este tipo de servicio. En este sentido, España se enfrenta en los próximos años a tres cuestiones importantes. La primera, la falta de puntos de recarga. La segunda, la imposibilidad de usar todos los puntos de recarga disponibles realmente en la red sin un registro previo y, la tercera, el mantenimiento de dichos puntos. 

Y esta es sin duda una cuestión seria cuya casuística suscita preocupación dentro del sector de la movilidad eléctrica y en la opinión pública general. Una reciente encuesta realizada por All Media Consulting, la primera agencia de comunicación especializada en movilidad eléctrica a 1.432 conductores de vehículos eléctricos españoles, indica que estas cuestiones deberían mejorar. Así, de sus conclusiones se observa que el 33.9% de los encuestados considera que la facilidad de uso de los puntos de carga rápidos y su precio son malos.

EV Roaming in Europe

Infografía: https://www.greenflux.com/spotlights/how-roaming-works/

Por otro lado, esta encuesta anual que en 2020 lanzará su tercera ola, revela que la opinión de los conductores sobre los distintos proveedores de servicios de carga tampoco es buena. En 2018, la valoración que hacían los conductores en un rango del 1 al 5, considerando el 5 el máximo, tan solo una de las 9 empresas que formaban parte de la encuesta lograba alcanzar el 3. En 2019, dicha opinión había empeorado. De ella se desprende que solo dos conseguían el aprobado raspado. 

Por eso, un proceso sencillo, abierto y accesible a todos los conductores de vehículo eléctrico se hace necesario. Porque hay que tener en cuenta que el proceso de interoperabilidad del VE no solo alcanza al estadio final, es decir, el momento en el que un usuario carga su coche. Comienza con el sistema de comunicaciones entre la red eléctrica y el punto de recarga. Después, dentro del propio punto de recarga, cómo su software hace llegar esa electricidad al sistema BMS (Battery Management System) del vehículo eléctrico en cuestión. Para entender este asunto conviene repasar algo de historia.

¿De dónde venimos y hacia adónde vamos?

Hace años, cuando los vehículos eléctricos comenzaron a producirse en serie, los sistemas de recarga también trataban de avanzar en su tecnología. La cuestión se complicó cuando los fabricantes introdujeron el sistema de carga rápida, con mayor potencia hasta el momento, que hoy conocemos como CHadeMO. Este sistema permite cargar a una mayor potencia las baterías, reduciendo los tiempos de recarga. En este sentido, no todos los vehículos tenían esta opción, de hecho algunos aún siguen sin tenerla. 

Esta cuestión pronto quedó solventada tras la introducción de estándares múltiples en los sistemas de recarga. Así en un mismo punto de recarga podían convivir varios sistemas. Esto ayudó a la industria a desarrollarse con mayor rapidez. 

Y es que aquí, lo verdaderamente importante es que los estándares sean versátiles. De esta forma, deben asegurar un sistema que sea compatible con todos los vehículos del mercado, tanto los actuales como los que vengan en el futuro. Para el desarrollo de esta cuestión es necesario también que los sistemas no sean cerrados. 

¿Red propietaria o abierta?

En la actualidad existen dos tipos de sistemas de red. Podríamos decir que  la red de los Supercargadores de Tesla es una red propietaria, es decir un sistema cerrado, ya que solo funciona para los vehículos eléctricos de esta marca americana. Esto, lógicamente, limita su uso a un solo grupo de conductores. 

En este sentido, si el mercado sigue en esa dirección solo los propietarios de los vehículos de cada marca podrán cargar en sus propios cargadores. Esto resulta de poca utilidad a la hora de realizar viajes de media y larga distancia ya que dependerá de qué fabricante tenga la mayor red de recarga, el éxito de sus ventas.

La otra vertiente pasa por un protocolo abierto denominado Open Charge Point Protocol (OCPP). Con este sistema se permite la comunicación entre una estación de recarga y un vehículo a través de la conectividad. Esto permite operar de forma fluida el proceso de carga.

¿Cómo plantear la solución al problema de la carga?

En el último trimestre de 2020, tan solo se han instalado en España 572 nuevos puntos de recarga, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC). Un dato muy insuficiente teniendo en cuenta que el objetivo, según la misma fuente, es alcanzar los 48.000 para el año 2022. Los esfuerzos tanto en dotación económica como en la eliminación de las trabas burocráticas deben dar un giro de 360 grados para que el impulso e implantación de la movilidad eléctrica en nuestro país sea una realidad.

En esta línea una buena implantación de la interoperabilidad ayudaría además a mejorar la seguridad, la fiabilidad y el mantenimiento de la infraestructura de recarga, la existente y la que está por llegar. Hay que tener en cuenta que los puntos de recarga, sobre todo los rápidos y ultrarápidos que están llegando, deben perdurar en el tiempo asegurando su buen funcionamiento a largo plazo.